T3.2. 2ESO: Apertura a los demás: sorpresa y novedad

Conocer al otro siempre será una experiencia profunda. ¿Qué significa abrirse a otra persona? 

Ser capaz de reconocerse a uno mismo. 

La apertura personal es una realidad necesaria puesto que todo uno debe tener la disponibilidad para reconocer al otro en toda su individualidad. Esto es fundamental: abrir la propia vida para compartir lo que somos y recibir lo que la otra persona nos puede ofrecer.

Es una oportunidad enriquecedora. 

Es decir, la otra persona es nuestro interlocutor. Como nosotros, tendrá una serie de fortalezas y debilidades, de capacidades y rasgos a mejorar. Con todos estos elementos se nos presenta tal cual y podemos, o rechazarla o aceptarla. La diferencia estriba en que si le rechazamos perderemos la posibilidad de abrir nuestra vida a alguien distinto a nosotros; a alguien que nos puede desvelar más sobre el mundo y sobre lo que nos rodea. Si le acogemos ganaremos la vivencia de la novedad que supone descubrir al otro; originalidad que siempre se actualiza puesto que las personas siempre estamos viviendo circunstancias, realidades y situaciones que lo cambian todo.

Vivencia de la capacidad social que tenemos. 

Después de todo, somos seres sociales, abiertos a la sorpresa, a lo distinto, a la confrontación de lo que somos y vivimos. Vivimos en sociedad por la necesidad, a veces egoísta si lo hacemos por la única razón de quedarnos en nuestro ombligo, de satisfacer nuestra capacidad de compartir, de amar y ser amado, de entregar nuestra vida, de mirar al otro a los ojos y reconocerle como distinto a lo que nosotros somos. Y esto es clave: recordar que la otra persona no está para ser un calco nuestro sino para ser todo lo autónomo y libre que pueda llegar a ser.

Ahora bien, esto implica una serie de actitudes: la primera de ellas es la disponibilidad; es decir, estar dispuestos a lo que la otra persona nos quiera ofrecer y regalar. La segunda es la apertura; es decir, abrirnos a los planteamientos, afirmaciones y creencias del otro como distinto a nosotros, aunque a veces no compartamos los mismos criterios. La tercera es la empatía; es decir, ser capaces de compartir lo que el otro vive, tanto en sus alegrías como en sus tristezas, sin juzgar y sin hacer juicios de valor, tan solo acompañando. Y por último, el agradecimiento; es decir, la gratitud como emoción vital por lo que el otro nos comparte: es vida que se entrega y se vivencia a fondo.

Pero, para no escribirlo yo todo, ¿tú que crees que nos distancia de las personas? Te dejo esa tarea.


Carlos Alvarado

Buscador apasionado de la verdad. Educador por convicción. En constante afán de aprender. Abierto a lo que cada día, sorpresivamente, me pueda ofrecer.

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