Por ellos: un grito en el silencio

Muerte, desolación, destrucción, vidas que se pierdan en la tiniebla, en la indiferencia, en la tranquilidad de un mundo que calla ante estas atrocidades. Tantas víctimas inocentes de una Guerra que parece no tener final, cual monstruo inmortal que no hace otra cosa que devorar a todo aquello que se cruza en su paso. Tantas historias truncadas por el odio, la intolerancia, la idiotez humana cuyo límite es insospechado.
Los hospitales son destruidos; las noticias nos hablan de ello: El ABC20 MinutosEl MundoEl País. Todos estos medios de comunicación, y tantos otros, nos recuerdan a gritos que hay personas que sufren consecuencias hirientes y mortales en todos los sentidos. Medios que nos recuerdan lo que sucede día a día a causa de los bombardeos, de las matanzas sumarias, de los ataques bomba, de hogares destruidos, de hospitales que desaparecen, de edificios que caen, de hombres que han decido matar para defender una ideología sanguinaria, del poder deshumanizador, de las luchas de intereses entre naciones. Medios que nos informan solamente de acontecimientos luctuosos y de sangre inocente esparcida por el suelo. Claro, nos informan aportándonos imágenes dolorosas, sonidos escandalosos y sensaciones de impotencia. Pero, ¡hasta allí!



Nos falta la formación. Formación que nos permitirá alzar la voz, movilizarnos, ser capaz de expresar nuestra opinión, luchar por los derechos de todas estas victimas. Formación que nos arrancará de nuestra apacibilidad, de nuestra indiferencia, de nuestro estado anestesiado ante tanto dolor y tanta muerte. Formación que nos dará puntos de vista, que nos facilitará debatir frente a posturas que marginan a unos y excluyen a otros. Formación que nos impulsará al compromiso.



Compromiso vital con ellos. Compromiso con nosotros. Compromiso con uno mismo. Con ellos porque no podemos permitir, como seres humanos que sigan muriendo así, como animales llevados al matadero sin que nadie intervenga. Compromiso con nosotros porque estamos en un mundo global donde cada voz es importante si se asocia, si crea consciencia, si aporta algo. Compromiso con uno mismo porque la pereza, la desazón y la impotencia no pueden tener la última palabra; porque las decisiones que tomemos son determinantes y porque cada día que pasa es sinónimo de muertos que se quedan en las cunetas o bajo los escombros. 



¿Te atreves a luchar? 

Carlos Alvarado

Buscador apasionado de la verdad. Educador por convicción. En constante afán de aprender. Abierto a lo que cada día, sorpresivamente, me pueda ofrecer.

2 comentarios:

  1. Lamentablemente mi respuesta a la imagen sería: no, no me duele.
    Sucede en mí un conflicto interno al leer este tipo de artículos, constituido por varios pasos: Primero; a consecuencia de que soy humano, siento pena por la situación, aunque este sentimiento sea tan efímero que me entra miedo de perderlo. Después de este paso, se presentan dos opciones: la primera, la indiferencia; y la segunda, el seguir pensando. Si sucede la segunda, aparece ese sentimiento de indignación (hacia la injusticia) tan corriente en mí. Pero esta aparición se ve menguada por su contraria, la impotencia. Tan fuerte pega la impotencia que la indignación desaparece por completo, sin llegar a su objetivo: el cambio. Al desaparecer ésta vuelvo al estado de "reposo", a la indiferencia.
    Sí, haga lo que haga, llega la indiferencia.
    El sentimiento de pena del primer paso lucha contra la deshumanización en la que nos sumergimos, que viene dada por nuestra acomodada situación que, junto al continuo bombardeo de imágenes devastadoras en los medios de comunicación, nos conducen a la peor de las convicciones, a la convicción de que eso es "normal". Y es la peor convicción porque la indignación no cesa por las dificultades (éstas solo la ralentizan e incluso engrandecen) sino que cesa al pensar que la injusta situación es "normal". El pensamiento de que algo es "normal" es la rendición de este sentimiento que tan bien ha hecho a la historia de la humanidad, siendo la causa de su mejora (simplemente reflexionar sobre, por ejemplo, la Revolución Francesa), pero, como podemos observar, no es consecuencia de ésta; al contrario, desaparece (la indignación) cuando la situación mejora, cuando nos acomodamos.
    Por otra parte, ¡qué hipocresía en este comentario! (Aunque hipocresía positiva). ¿Realmente querría luchar yo contra este tipo de situaciones como la de Siria? Como he dicho al principio del comentario, ni me duele, ni probablemente me esforzaría demasiado en ayudar.
    Es muy curioso como, por una parte, pienso que nada podemos hacer ante esto. Pero por otra crece el sentimiento de lucha hacia esta indiferencia nuestra. Lamentablemente luego desaparece, pero vuelve a resurgir más tarde. Al menos eso nos queda.
    ¿La solución? Como bien dices, la formación. Leer y aprender: conceptos relacionados que tanto faltan en nuestra sociedad. La lucha irá de la mano con la educación, y no solo del instituto, sino de una educación progresiva a lo largo de nuestras vidas. A los libros nos tenemos que agarrar, con ellos avanzaremos y, poco a poco, despertaremos cada vez más, y con ese despertar llegará el cambio.

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    1. Gracias por tu profunda argumentación. Creo que has dado en el clavo en cuanto a la disyuntiva como en torno a la solución. Se mezclan una serie de factores que influyen en la decisión de que tomes en un momento dado. Sin embargo, aunado a todo lo que has planteado, es importante tu afirmación de cara a la formación. Esta es la clave para comprender lo que sucede, como sucede y que tanto de lo que sucede es verdad o no. A su vez, la formación no te deja indiferente: te mueve al cambio, a aportar algo, al menos a inquietarte. Esto ya es un primer paso.
      Mantente en movimiento. No dejes que la indiferencia o la apatía te venzan.

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